relación de exposiciones y críticas




Exposiciones previstas

Casa de Cultura José Peris Aragó · Alboraya (Valencia) · Individual · Dic/2010




Exposiciones realizadas

Salón Internacional de las Artes Plásticas SIAP 09 · Madrid · Colectiva · Feb/2009
Tarazona Foto Edición 2009 · Tarazona (Zaragoza) · Individual · Jun/2009
Sala de Exposiciones del Palau de Vivanco · Catarroja (Valencia) · Individual · Nov/2009
Galería Oruga Azul · Valencia · Colectiva Navidad · Dic/2009

Estudio Pintor Bautista · Valencia · Colectiva Navidad · Dic/2009
- Ene/2010
Galería Oruga Azul · Valencia · Individual · Dic/2009
- Ene/2010
Ademuz Espai d'Art · C.C. Hipercor · Valencia · Individual · Feb-Mar/2010
Sala Rte. Flatiron · San Sebastián de los Reyes (Madrid) · Individual · Abr-May/2010
Rte. Refugio · Barrio del Carmen · Valencia · Individual · Jun/2010



Otras colaboraciones

Area Zinc Magazine Art · Exposiciones colectivas online · "Fetiches"
Oct/2008 · "Inocencia" Mar/2010
Fotografía "Descosido" imagen Seminario Derechos Humanos · Universitat de València · Oct/2008

Carpaccio Magazine · Revista de arte online · Abr/2009










Críticas y reseñas

En un entorno cotidiano como el nuestro, mediatizado por la multiplicación de las imágenes, de iconos populares, las opiniones se dividen ante la dificultad o la necesidad de acercarse a la realidad del paisaje de nuestras ciudades con la actitud de un paseante contemplativo y reflexivo que se ofrece a su entorno. Un concepto como el de flâneur —formulado para la posterioridad, en distintos momentos de la Historia, por Charles Beaudelaire y Walter Benjamin como una nueva categoría estética que nacía de la relación entre el sujeto y la entonces naciente metrópolis moderna— se debate ahora entre la imposibilidad social o la voluntad existencial de conferir un contenido estético al viaje y al tránsito por los espacios de la ciudad, a la imagen de un sujeto que camina libremente por las calles, que se entrega ocioso, imaginativamente, sin un plan prefijado a lo que le ofrece el destino. No es casual que entre estas dos figuras centrales de nuestra contemporaneidad como Beaudelaire y Benjamin encontremos al tiempo decisivas reflexiones y condenas sobre el hecho fotográfico que giran en torno a la representación de la naturalidad, a su valor cultural y a la pérdida de la existencia única e irrepetible del objeto capturado/representado, de su «aquí y ahora», de su aura. Sin embargo, tal como advirtió en más de una ocasión Susan Sontang, el artilugio fotográfico, al transformarse de un pesado mecanismo en objeto ligero, convierte el acto de fotografiar en un hecho de no intervención, por lo que la captura de imágenes acompaña sin contradicción a la vivencia cotidiana del paseante que se ofrece a su entorno sin un plan prefijado a lo que le propone el destino. En esta dirección, tal como nos muestra el film de Dziga Vertov, El hombre de la cámara (1929), el paseante se convierte en «alguien en movimiento perpetuo, alguien que atraviesa un panorama de acontecimientos dispares con tal agilidad y celeridad que toda intervención es imposible», comentaba Sontag en uno de sus célebres ensayos sobre fotografía. El hecho fotográfico se presenta así, entre sus múltiples manifestaciones disciplinares, como el registro escópico de la visión del flâneur.

En la serie de fotografías que presenta en esta muestra Vicente Greus, los espacios arquitectónicos son hallazgos intrascendentes para el ciudadano pero no para el flâneur. Como el hombre cámara de Vertov, el flâneur decide ejercer su intrascendente pero, a la vez, decisiva apropiación estética del entorno. Los espacios por los que circula Greus son arquitecturas insignificantes para el viandante pero que él recupera a través de la exaltación matérica de las texturas. Trata de introducir sensaciones relacionadas con un recuerdo ficticio, con vivencias que quizá tuvieron lugar allí pero a las que él nunca asistió. Un pasado que sólo puede ser concebido/recordado con austeras gamas cromáticas. Sus objetos cotidianos, en muchas ocasiones detritus tecnológicos de un pasado nostálgico, no se muestran distantes, alejados de una relación con el mundo para un espectador que se las entiende sin tocarlo a través del filtro de la fotografía, sino que propone elementos que son devueltos a su curso natural a través de la manipulación de la imagen.

En este sentido resulta interesante detenerse, como el paseante decimónico sorprendido por un hallazgo inesperado, en las imágenes de sus inquietantes escaleras. En ciertas ocasiones, aparecen como pretexto para crear inestables oleajes, escalones que soportan el paso del tiempo, que se van ondulando; iconografías que nos conducen como espectadores a un enigmático autor de instantáneas como Frederik H. Evans (1853 – 1943), que en 1903 inmortalizó en una de sus más celebres fotografías, The Sea of Steps, una larga sucesión de escalones en la catedral inglesa de Wells. En otras imágenes de Greus, las tensiones espaciales se organizan en torno a una columna. Sobre ella se organiza una férrea estructura geométrica que permite pensar en un camino hacia el mundo subterráneo, como el del mito clásico que nos cuenta la historia del descenso de Orfeo por las escaleras del inframundo en busca de su esposa Eurídice. O, por el contrario, la historia vista por Eurídice que trata de salir al alcance de una fuente de luz que se proyecta desde sus últimos tramos, ocultos al espectador de su fotografía. Sobre el claroscuro existencialista que nos devuelve esta imagen de Vicente Greus podemos decir, haciendo honor al sugerente planteamiento de Heinrich Heine en su libro Les Dieux en Exil (1853), que las historias míticas viven sucesivos retornos en la historia del arte, bien como historias paganas, figuras bíblicas, o en una actual extensión como iconos populares. En consecuencia, tal alcance de luz parece aclamar un lema para Eurídice como el que en los primeros setenta vocalizó la banda de los Led Zeppelin: «She's buying a stairway to heaven».

Joan Robledo. Crítico de Arte.
Texto perteneciente a la exposición Ademuz Espai d'Art - Febrero 2010







La fotografía muestra una lámpara de cristal tallado y bronce. Cuelga del cable eléctrico y descansa ladeada sobre el suelo sembrado de escombros, mostrando los casquillos sin bombillas. El metal sobredorado reluce delante de restos ennegrecidos de madera, de un mamparo derrumbado tras el cual descienden varias tuberías como varices trombosadas. La oscuridad más absoluta persiste más allá del momentáneo alcance del flash, que ha convertido la suave danza de los sedimentos en un sutil velo.

Podría tratarse de una de las fotografías de Vicente Greus, pero se tomó hace más de una década a casi cuatro kilómetros de profundidad, en los antaño lujosos interiores del Titanic. Revelar la belleza en el abandono, mostrar la postrera dignidad humillada, el valor del desecho cotidiano, el rincón urbano inadvertido, el objeto funcional convertido en ornamento, el rostro de la calle. Cubrirla de matices de óxido, tierra, epidermis quebrada, de los brillos apagados del espejo roto sobre el cual se mira un orgullo que anhela ser reconocido. Y con todos estos elementos, narrar una historia.

Quizás éstas sean las claves del trabajo fotográfico de Vicente Greus, poseedor de una mirada capaz de destapar una belleza atípica en lugares, objetos y personas invisibles al observador común, para transformarlos después en entornos inquietantes, casi oníricos, a través de una alquimia de texturas y lavados cromáticos, que pese a su naturaleza digital, evocan un poder arcaico, casi subterráneo. O como en la fotografía del candelabro del Titanic, intuir una armonía que sólo existe en la profundidad del abismo, y revelarla en un instante de perturbadora gloria.

Manuel de Entrambasaguas
Director de Maripili Films







"Mirar a través de los ojos de un artista proporciona conocimiento y satisfacción y a veces dolor".

Ellos son los adelantados, capaces de conceptuar materialmente las sensaciones y los sentimientos, que alentando en nosotros no encuentran la concreción de un verso o de una imagen.
Tarazona Foto abre la ventana a las miradas “redondas” por cuadradas de Vicente Greus, miradas a lo cotidiano, corriente y a veces inverosímil pero siempre mágicas, miradas filtradas por las cicatrices y el duro polvo del tiempo, miradas enturbiadas por las lágrimas o los deseos.
La fotografía en sus manos y en su ordenador se convierte en esa herramienta misteriosa capaz de materializar y hacer aparecer los sueños para que nosotros podamos disfrutarlos y aprender de ellos.

José Latova
Fotógrafo profesional. Director de Tarazona Foto






"Greus y el ojo de la cámara"

La estética de Vicente Greus recuerda a esta memorable película de Bertrand Tavernier de muy principios de los 80, protagonizada por Harvey Keitel y Romy Schneider. Pero centrémonos en esta última. La película que menciono fue la última en la que participó Romy antes de morir.

Esta mítica actriz, que participó en varios Sissi de Marischka, fue la primera opción de Buñuel para "Belle de jour", finalmente protagonizada por Catherine Deneuve (fría al lado de Romy, pero la austriaca era hija de una actriz filonazi que no quiso que su hija trabajase con un comunista). Empero le relaciono con la pelicula de Tavernier ya que el objetivo de Greus se centra en centros urbanos en decadencia (como la vida de la desdichada Romy tras haber encarnado a la Emperatriz, haber muerto su adorado hijo y acabar como icono del cine postmoderno como portadora de una cámara en el cerebro) arrumbados. Y al mismo tiempo los protagonistas de sus imágenes recuerdan al papel de Jennifer Powel en "Jenny" de William Dieterle (película de encargo de un productor de cine... y por otra parte favorita del mismo Buñuel) que "encarnaba" a Jenny, que no se sabe si era la visión o el espejismo de un pintor arruinado, "encarnado" -dado su estado de semipostración- por un voluntarioso y elegante Joseph Cotten, que tiene la suerte (o está predestinado) de llamar a la galerista Ethel Barrymore, lo que hace que su crepúsculo se sitúe en un difuso y grato porvenir.

Y Vicente no se hace notar, como la sin par Romy... etérea; sólo que Vicente, con su osadía y entereza proclama a los cuatro vientos su crítica a la decadencia, y su apoyo a las imágenes y personas anónimas conseguidas de pasada... como el paso de Romy por la Tierra. O el de la imagen subliminal de Jenny.

Ramuntcho Robles Quevedo
Doctorado en Historia del Arte por la UPV·EHU. Comisario artístico






Como una agradable sorpresa ante nuestros sentidos, Greus sigue presentándonos sus figuras cotidianas, solitarias, con cierto aire de fracaso vital, enmarcados en rincones vacíos y evocadores pero elevados a la intemporalidad gracias a esos tratamientos que podríamos definir como "góticos", con todos los respetos (...y envidiosa admiración). El devenir cotidiano elevado a la categoría de arte a través de sus ventanas negras, donde nos invita a asomarnos para descubrir su mundo. No se pierdan esa mirada y abran sus ojos ante este nuevo horizonte que Greus despliega ante nuestros adormecidos ojos.

Eduardo Méndez
Fotógrafo profesional